LOS REMANENTES DEL CUIDADO Y LA SOFISTICACIÓN
LOS REMANENTES DEL CUIDADO Y LA SOFISTICACIÓN
Nuestra actual dependencia de los derivados de petróleo (plásticos) junto a otros productos de uso descartable ha contribuido al rápido deterioro del ecosistema del hombre.
En el Perú, la actividad extractiva implica procesos que
pocas veces son fiscalizados oportunamente. Hemos visto a lo largo del tiempo
como la empresa petrolera y minera han afectado el ecosistema de la selva, así
como el mar de Grau, y gran parte de la sierra peruana (Cerro de Pasco).
El 8 de setiembre, se dio un derrame de petróleo en el oleoducto norperuano. Afectando terrenos agrícolas y la muerte de animales en Los Olmos, Lambayeque. Sin embargo, a pesar de las pruebas, el informe policial descarta daños personales y ambientales. La comunidad del Caserío Sequión responsabiliza a Petroperú por el daño causado al ecosistema con su trabajo de extracción y logística.
Así mismo, en el lote 62 (Loreto), el Gobierno Territorial Autónomo de la Nación Wampis (GTANW) y la Federación de la Nacionalidad Achuar del Perú (FENAP), denunciaron que, durante el estado de emergencia, la empresa Geopark (Chile), ingresó en sus territorios pese a las restricciones y aislamiento decretados, poniendo en riesgo la salud de los pobladores nativos.
Según la OEFA solo en el Lote 192 (Loreto), hay más de 1900 sitios contaminados por derrames de petróleo, mientras que en las cuencas de los ríos Tigre, Pastaza, Corrientes y Marañón, por lo menos 33 toneladas de plomo fueron vertidas en fuentes de agua y el 75% de 39 comunidades testeadas para un Estudio Epidemiológico y Toxicológico resultó con metales pesados en la sangre.
Por otra parte, las regiones Tacna y Moquegua, donde Southern viene trabajando más de medio siglo, han denunciado casos de contaminación que han afectado la labor agrícola de los valles costeros y a las localidades cercanas a sus centros de operación.
Óscar Gonzáles Rocha, presidente de Southern Copper (responsable del proyecto minero Tía María), ha señalado, que la empresa siempre se ha preocupado por el cuidado del Medio Ambiente (a través de una “agresiva” publicidad). Sin embargo, existen informes de la Organismo Supervisor de la Inversión en Energía y Minas (OSINERGMÍN) y la Oficina de Evaluación y Fiscalización Ambiental (OEFA) señalan lo contrario.
Se han registrado tres efluentes contaminantes arrojados al mar por la fundición. En uno de ellos localizado a 50 metros de la puerta de acceso a la fundición. Según el Observatorio de Conflictos Mineros de América Latina (OCMAL) existe en la zona una concentración de arsénico de 8.009 miligramos por litro, lo cual superaba largamente el límite establecido.
La exposición prolongada al arsénico a través del consumo de agua y alimentos contaminados puede causar cáncer y lesiones cutáneas. También se ha asociado a problemas de desarrollo, enfermedades cardiovasculares, neurotoxicidad y diabetes.
El mercurio también es otro elemento muy usado en la actividad extractiva minera (sobre todo en la ilegalidad). La BBC estima que en todo el mundo hay de 10 a 15 millones de mineros a baja escala que cavan, dragan, enjuagan y criban en busca de oro, y muchos de ellos usan mercurio para separar el metal puro del cieno.
Un tercio es de las dos mil toneladas de mercurio que se liberan en el planeta provienen de la actividad minera y sus derivados.
Problemas ambientales causados por una inadecuada fiscalización han sido constantes en la historia del país. Sin embargo han sido desviadas del ojo público debido a la crisis sanitarita que ha involucrado a todo el mundo. Este cambio repentino a su vez contribuyó con la disminución de residuos arrojados al ambiente, gracias al confinamiento global.
Pese a los datos favorables para el ambiente, recopilados durante la primera etapa de la cuarentena, las grandes metrópolis consumen grandes cantidades productos descartables debido a la Covid-19; lo que implica una carga viral en los desechos diarios. El desecho sanitario, pese a depositarse en lugares alejados de la urbe, no cuenta con un adecuado tratamiento y selección. Lo cual afecta el ecosistema que rodea a las ciudades.
Por último, recordemos que el Artículo 113° de la Ley General del Ambiente (Nº 28611) establece que toda persona natural o jurídica, pública o privada, tiene el deber de contribuir a prevenir, controlar y recuperar la calidad del ambiente y de sus componentes como parte de la gestión ambiental.

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